domingo, 4 de agosto de 2013

HOMENAJE A BERTIL LAGERSTRÓM EN ZUMAIA

El sueco enamorado de Zumaia

 un grupo de amigos homenajeará al artista bertil lagerström con una exposición en los bares de la villa
Sus amigos de Zumaia le recordarán mostrando sus fotografías y acuarelas guardadas en los hogares de la villa
Bertil Lagerström llegó a Zumaia por primera vez el verano del año 1982 y dormía en un remolcador en el muelle
 
Una acuarela realizada por el artista sueco Bertil Lagerström, quien tuvo una intensa relación con Zumaia. (NG)
nO es difícil enamorarse de Zumaia. Más aún cuando uno comparte sus vivencias con sus vecinos y sus calles y además, durante muchos años. Eso fue lo que le ocurrió al artista sueco Bertil Lagerström, quien llegó por casualidad a Zumaia el verano del año 1982, tras unos sanfermines. Deslumbrado por su belleza y por la acogida que le realizaron los zumaiarras, no dejó de visitarla siempre que podía. Comenzó a retratarla con su cámara y a convertirse en uno más de la villa. 
Fotógrafo, pintor, músico, amante del séptimo arte... Le gustaba vivir la vida intensamente. Ander Hormazuri, Inaxio Manterola Manta, Txiki Agirre Keixeta y Roberto Gutiérrez tuvieron la oportunidad de conocerle y lo recuerdan con cariño. Su última visita a Zumaia tuvo lugar en 2010, al cumplir 50 años. Lo celebraron con una fiesta. Pero no volvieron a verle. El artista murió en noviembre del año pasado, a los 52 años, por una afección en el corazón. Fue un golpe duro para sus amigos de Zumaia. Todos guardan numerosos recuerdos de él y es por ello que han decidido realizarle un homenaje. Y qué mejor que recabar todas las obras de Bertil y exponerlas donde más horas pasaba cuando visitaba a su enamorada:  los bares de Zumaia.
muestra a partir del 4 de agosto
Fotografías y acuarelas
La exposición que será bautizada como Hurrengo tabernarte (hasta el próximo bar) se inaugurará  hoy en los establecimientos de Zumaia. Para ello, han recopilado las obras que los vecinos tenían en sus hogares. Algunas compradas al propio artista, otras regaladas. Todas ellas conforman una inmensa colección. Quieren además, aprovechar la iniciativa para catalogar su obra, concretando las fechas de cada fotografía y pintura. Así, han contado con la colaboración de los vecinos que han prestado sus obras y serán devueltas una vez finalizada la muestra, a finales de agosto. “Sabemos que hay muchas obras suyas en los hogares de Zumaia. Esta iniciativa pretende recabarlas todas”, explica el también pintor Ander Hormazuri.
En Zumaia, en un principio, Bertil dormía en un remolcador, pero enseguida hizo amigos y el vecino Patxi Aristi lo acogió en su casa. Desde entonces acudía a la villa cada verano. Incluso en una ocasión, lo hizo en bicicleta. Primero iba a los sanfermines y luego pasaba tres meses en Zumaia. “Trabajaba seis meses en Suecia y con lo que ganaba aquí vivía muy bien. Su problema era que luego le costaba volver. No tenía límites y quería vivirlo todo al máximo y la calle le gustaba mucho. Le gustaba estar con la gente. Le encantaba ir de bares, de fiesta en fiesta... Quisimos ayudarle, pero no era fácil”, recuerda Hormazuri. Tuvo múltiples empleos. Como repartidor de periódicos en Volvo (Suecia), a 35 grados bajo cero y en bicicleta, preparando el attrezo y como cámara en una televisión, como fotógrafo de prensa... incluso colaboró para Egin. En los últimos años de su vida, contratado por el Ayuntamiento de Örebro (Suecia), se encargó de impartir talleres de pintura a escolares y a realizar murales.
Cuando venía a Zumaia, Bertil no dejaba su cámara ni un solo momento. Le gustaba utilizar las de usar y tirar y captar el momento. Es por ello que el mundo de lo digital lo sumergió en una crisis, porque según señalan sus amigos, para él “no retrataba el instante”. En Suecia se dedicaba más a pintar, aunque también expuso en Donostia, Usurbil o Pamplona.
Según explica Hormazuri, con lo que veía en Zumaia y las vivencias que tenía en el municipio, creaba sus obras en Suecia. “Aparece mucha gente en sus pinturas y abordaba diferentes temas. Son muy coloridas. Pero aquí apenas pintaba. Los mejores cuadros son los que hacía en Suecia. Se basaba en cosas que había visto aquí. Para él, todos los momentos eran mágicos y no podía dejar de retratarlos en sus fotografías o en sus acuarelas”, detalla el zumaiarra.
Sus amigos también le recuerdan con una memoria envidiable. “Era una enciclopedia humana. Se podía hablar con él de todo. Además, tenía una memoria... sabía perfectamente en qué fechas había presentado todas mis exposiciones y con qué trabajos. Era alucinante. ¡Yo casi nunca me acuerdo!”, señala sonriente Hormazuri.
Bertil Lagerström dejó huella en los corazones de los zumaiarras y este mes habrá ocasión de recordarle, como a él más le gustaba, de bar en bar. 
ainara lozano
zumaia

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