El flysch revela otra capa de la historia
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El área rojiza deja a la vista parte de la zona en la que se derrumbó la placa gruesa del flysch en el acantilado de Algorri de Zumaia. / JOSÉ MARI LÓPEZ Un nuevo derrumbe permite desnudar los secretos de este fenómeno de Gipuzkoa
Desde científicos de la NASA hasta simples turistas se entremezclan en este enclave que muestra la evolución de la Tierra
- El flysch de la costa guipuzcoana ha vuelto a pasar una página más en su historia interminable. Es un pasito considerable que servirá para entender mejor de dónde viene el mundo tal y como lo conocemos actualmente, incluso para saber hacia qué situaciones transitará los próximos años. Los expertos están acostumbrados a explicar que este fenómeno «extraordinario» de la naturaleza es un libro geológico que reúne capa a capa un relato con más de cien millones de años de historia. Esa gran obra, que demuestra lo diminuto que es el ser humano para la historia, volvió a ser noticia a mediados del mes pasado, tras la caída de una placa que contaba con 68 millones de años de antigüedad en la zona de los acantilados de Algorri.
Esta puerta abierta al mar Cantábrico, que desde 2010 está declarada como biotopo protegido por el Gobierno Vasco, es una de las zonas más espectaculares de la costa para los visitantes que, cada vez en mayor medida, acuden a ella. La placa de color marrón que ha dejado a la vista el derrumbe del mes pasado deja entrever el potencial de nueva información que puede obtenerse de un desprendimiento que para los neófitos puede ser un suceso extraordinario. No es así para los expertos. Para ellos, «los derrumbes son bastante normales». «Lo que no es tan habitual es que caiga toda una ladera a la vez», explica Nerea Ibáñez, coordinadora del centro de interpretación Algorri, situado en Zumaia. - Tras un pequeño paseo a pie de un cuarto de hora de duración desde el centro de la localidad costera, el visitante se topa con el mar Cantábrico en toda su luminosidad. Aún así, todo el protagonismo se lo lleva el acantilado. «Todos los días caen piedras, pero en los años que llevo trabajando en el centro de interpretación no había visto nada igual. El momento de la caída tuvo que ser espectacular por la imagen y por el sonido que hizo», detalla Ibáñez, mientras observa aún asombrada parte de la ladera que se derrumbó. «Impresiona aún más visto desde la cercanía», subraya.
- Nerea Ibáñez fue de las primeras profesionales que se acercaron hasta el acantilado de Algorri, nada más producirse el desprendimiento. Lo primero que hizo fue coger su cámara de fotos y dejar constancia gráfica de lo que había sucedido. No tardó ni un segundo en mandárselas al director científico del Geoparque de la Costa Vasca, Asier Hilario, para que las analizara. «Es totalmente normal que ocurran fenómenos como este que nos ayudan a estudiar nuevos términos», explicó en un primer momento Hilario, para luego añadir que gracias a desprendimientos de este tipo se pueden encontrar «fósiles extraordinarios». «En 2012 en la playa de Itzurun quedó a la vista un fósil muy extraordinario a nivel mundial. Enseguida nos lo llevamos para investigarlo», comenta Ibáñez.
Cien millones de años es lo que ha tardado la naturaleza en construir el flysch. Este espectáculo de facies rocosas de origen sedimentario está compuesto por una alternancia rítmica de capas de rocas duras (calizas, areniscas o pizarras) con rocas blandas (margas y lulitas), «como si se tratara de un hojaldre de nata, donde esta última sería la capa blanda», explica de forma sencilla Ibáñez. Esta vez la erosión de la capa blanda no aguantó la capa dura y esa situación provocó la caída. «Las duras se suelen quedar en resalte y sin apoyo, que son erosionadas más fácilmente», comenta la coordinadora del centro de interpretación Algorri.
El adiós de los dinosaurios
Los secretos que guardan estas rocas son innumerables. Casi todas ellas atesoran claves para entender las situaciones más extraordinarias que ha vivido el plantea Tierra desde hace más de 4.000 millones de años. Así, la desaparición de los dinosaurios también se puede explicar desde Zumaia. Y es que una capa fina de apenas unos centímetros de grosor guarda los enigmas más increíbles de una de las catástrofes más espectaculares que se hayan vivido. Los restos del meteorito que chocó contra la Tierra hace 65 millones de años están a la vista de los visitantes en el flysch de Zumaia. El iridio es el material que da la pista de todo ello, un componente escaso en la Tierra pero abundante en los meteoritos. «Es la estrella que tenemos aquí. Podemos decir que tenemos huellas del meteorito que hizo desaparecer nada más y nada menos que a los dinosaurios. Además, lo tenemos a la vista, lo puede ver cualquiera que venga hasta aquí», explica con entusiasmo Ibáñez, mientras muestra la zona de la capa de iridio.
Todos estos fenómenos especiales se cruzan cada día con cientos de visitantes. Durante la hora escasa en la que transcurre la visita al acantilado de Algorri, el ir y venir de excursionistas es incesante, la mayoría de ellos acompañados por sus cámaras de fotos, para dejar constancia de que ellos también estuvieron allí.
Todos los turistas que se acercan hasta la localidad costera tienen un punto de referencia y no se pueden ir sin visitarlo: la ermita de San Telmo, que aparece en la archifamosa película 'Ocho apellidos vascos' y que está situada sobre el flysch de Zumaia. «Creíamos que sería un 'boom' pero nada de eso. Seguimos recibiendo visitas que lo primero que nos piden es que les llevemos a la ermita de la película», señala Ibáñez.
Espaldarazo para Zumaia
Esta circunstancia está siendo un buen espaldarazo para una localidad que gracias al flysch y al fenómeno producido por el filme está viviendo un aumento incesante de visitas. «Un poco antes del acantilado, por el camino de abajo, están construyendo un hotel para dar cabida al número de visitantes que vienen. Las infraestructuras eran pequeñas», afirma Ibáñez. Pero no solo eso. Los reclamos para que el número de visitantes siga creciendo pueden ser inagotables: «También hay tiendas y pastelerías que han estado ideando crear los flysch de chocolate, como si fueran un dulce».
Esta última Semana Santa, en el centro de interpretación de Algorri han recibido 400 visitas. «Una buena cifra», destaca Ibáñez. Aunque durante el año la mayor carga de trabajo la reciben de otoño a primavera. «Trabajamos mucho con las escuelas. En una visita les enseñamos gran parte del flysch».
Pero no solo los turistas invaden una de las maravillas de la naturaleza con las que cuenta el territorio. El flysch de Zumaia es una especie de Meca para todos aquellos geólogos que comienzan su andadura profesional y también para los que tienen su carrera totalmente consolidada. Científicos de la NASA acuden todos los años a investigar y recoger muestras del lugar «para entender mejor de dónde proviene la humanidad, incluso en estas capas se registran cambios de clima, unos más fríos y otros más calientes. Ahora pueden servir para entender si lo que estamos viviendo es un cambio climático», dice Ibáñez. «Es un referente para los investigadores», añade.
Lo cierto es que este lugar de la zona guipuzcoana que abarca desde Mutriku a Zumaia y que ha obtenido el reconocimiento de la Unesco, siempre ha sido un referente para los investigadores, sobre todo por su valor geológico. Por eso, durante años ha sido incesante la cantidad de científicos que se han acercado hasta el lugar en busca de muestras. «Hasta que no se consideró como biotopo protegido, todo el que venía se podía llevar lo que quisiera y por eso hemos perdido mucha información. Ahora, en cambio, todo se lo quedan los responsables del geoparque para investigarlo», comenta Ibáñez.
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